¿Recuerdas la primera vez que experimentaste ese revuelo en el estómago cuando esa persona especial tomó tu mano? ¿La sensación de volar cuando te dio un beso o el soñar despierto constantemente durante el día? Sí, a todos nos ha pasado, nos hemos enamorado por lo menos una vez de alguien especial.

Para muchos enamorarse es difícil, el dejarse llevar por esa sensación de apego es perder el control de sí mismos y cederlo a otro no es opción.

Yo personalmente me he enamorado más de una, dos o tres veces… sí he entregado mi corazón no sólo a una persona, sino a lugares excepcionales que marcaron mi vida.

¿Es posible enamorarse de un lugar? ¡Claro, con patas y todo!

El primer largo viaje que hice fue un intercambio de 4 meses a Glendora, California; una encantadora y pequeña ciudad. Con sólo 17 años mis padres me habían confiado la responsabilidad de cuidar de su hija mayor, es decir de mí misma; y sin darse cuenta me dieron el regalo más grande de todos, un par de alas insaciables de aventura e independencia.

Cuando estás lejos de la burbuja de comodidades y sobre protección que tus padres crearon para ti es que despiertas, ahora no todo es tan fácil, debes hacer alcanzar la mesada del mes realmente para todo el mes, ya no puedes correr a pedir a tus abuelos, tíos o amigos prestados unos cuantos pesos porque te gastaste el dinero el segundo día en ropa nueva o invitando a tu novia al cine. Aprendes a armar un presupuesto, a proyectar tus ahorros y a socializar en un nuevo ambiente, donde no existe el conocido de la hermana de tu amigo de la infancia, por lo tanto hasta los temas de conversación son diferentes. Este proceso de adaptación no es sólo eso, es todo un proceso de cambio, un cambio que te marcará y acompañará en adelante.

Luego de un mes aprendí a descifrar el transporte público, para así iniciar mis excursiones por los alrededores. Pasadena, Los Ángeles y Santa Mónica albergan algunos de mis rincones favoritos, sin dejar de lado Glendora por supuesto, parte de la emblemática Ruta 66, con su pintoresca calle principal que en época navideña me dejó sin aliento. La librería fue mi lugar favorito, la amabilidad de los propietarios me hizo sentir como en casa.

Pasadena me dio la mejor noche vieja, husmeando entre los carros del famoso Desfile del Torneo de Las Rosas que abrirían un nuevo año de una manera esplendorosa. ¡Grandiosa experiencia! (Espera una próxima nota con todos los detalles)

Al cumplir los 4 meses llegó el esperado día, usaría el pasaje de regreso.

Recuerdo que el Transfer fue a buscarme en la madrugada y durante el trayecto al aeropuerto inició el flashback, pasando cada caminata por la ciudad, las excursiones con nuevos amigos y las divertidas cenas. Sí, partir se sintió como un desamor que deja parte de tu corazón roto, y es precisamente allí cuando te das cuenta que te enamoraste, de un lugar que te dio incontables momentos de felicidad, que te acogió dándote la oportunidad de conocer personas extraordinarias y que principalmente te cambió, que te hizo crecer.

Te animo a que dejes de lado el miedo.

No tengas miedo de salir de tu zona de confort, ¡el mundo es grande y espera por ti!

No tengas miedo de no ir acompañado, encontrarás en las personas menos esperadas excelentes compañeros de viaje y familia. Verás que auto descubrirte es también un excelente viaje.

No tengas miedo de llevarte la versión mejorada de ti mismo de vuelta a casa. Enorgullécete de tu nuevo yo.

Finalmente, no tengas miedo de dejar parte de tu corazón en el lugar que te hizo feliz… ¡Enamórate de lugares, no sólo de personas!

 

Hasta el próximo Post!


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